Angular

La metáfora del barco

Entonces ahí estaba, cuando se percata de su propia existencia, un bote de madera. El cuál anda en medio del basto mar, para ser sincero no sabe como llegó allí, ahí estaba desde un inicio.

Todo esto surge de una frase que oí alguna vez, desconozco el autor, sin embargo, dejo una idea abierta en mi, que, poco a poco se estructuro teníendo un sentido mucho más profundo. “El hombre es un barco, y el amor es el viento que sopla e impulsa”.

Es así como note en un mundo diferente que habitaba en mi cabeza que estaba el barco, parecía ser que iba a una gran velocidad, el viento soplaba con gran fuerza, un viento amable, un viento compasivo, un viento que parece perfecto para él, impulsa con fuerza cuando las aguas son amables, y reduce su intensidad ante el mar agreste y salvaje. Es así como el barco emprende un viaje comodo y placentero. Pero llegado a algún punto este viento tan incondicional como el amor de una madre o el reflejo del mismo, llega a su destino.

Él barco es orgulloso, es egolatra, ha sentido el triunfo de andar veloz como una lancha de las mas altas denominaciones, sin embargo, se percata de que no se encuentra en movimiento, es allí cuando decide extender la vela que ha estado justo en el medio de si mismo, con gran pasión por seguir su travesía. Revisa el este, y noroeste, el norte y el sur, mira atentamente a su alrededor para buscar la dirección del viento apunta su vela en la dirección mas conveniente y retoma la travesia. De repente nota que no va a la misma velocidad que antes, que el tiempo parece pausado, grita, se estresa y cambia de dirección ya que el viento no sopla con fuerza, claró, él solo piensa en si mismo, así que encuentra culpable al viento o al universo de que se haya detenido. Quiza sea mas facil dar marcha atras y volver a ser empujado por aquel viento incomparable, pero ¿Devolverse apenas iniciado el viaje tendría un sentido?

Es allí y justo allí, no podría ser en otro momento, pues el universo conecta sus deseos, y a lo lejos el cielo indica la llegada de un viento imparable e imponente, así que con gran emoción extiende su vela. Pero no, la ansiedad que existe en él le hace preguntarse si la vela será lo suficientemente grande para este gran viaje que se avecina, junta unos cuantos trapos, para extender su area, y se prepara… ¡Zarpa a gran velocidad! Como un estruendo, con fuerza. De repente, siente que este viento tiene la fuerza para impulsarlo hasta el final de los tiempos. El barco se realiza pues nuevamente va a esa velocidad que lo caracteriza, él nunca dudo de que estaba hecho para algo grande.

Es allí donde el mar se pone salvaje, pero que es de la aventura de un hombre si no enfrenta los desafios mirandolos a los ojos, cada ola es más grande, y el viento junto al barco no se detienen, llevan fuerza, energía y optimismo por el viaje, esta siendo un viaje esplendido piensa el barco. “Nunca había sentido tanta emoción” ha sido dificil y desafiante, pero, él nunca busco el camino sencillo, es ahí donde lleva el desafio al limite y se dice a si mismo, aún puedo más.

Ola tras ola, golpe tras golpe, el barco va adquiriendo experiencia, pues si bien no es fácil, aún puede con otro desafio más, puede con el doble, el triple, hasta que sus propios pensamientos se ven detenidos por un ruido.

Suena el estruendo de una voz, fuerte e imponente -¡Se va a romper el mastil!- Dice.

El barco absorto en si mismo, se pregunta, ¿Quien carajo hablo? y entonces, se percata de algo tan simple, como trasendental, justo ahí, justo dentro de si mismo. ¿Cuanto tiempo llevaba ahí? susurra en sus propios pensamientos el barco, y exclama con sorpresa en su mirada “¿Hace cuanto estas conmigo?” Pues dentro, había estado todo el tiempo un marinero sujetando las cuerdas de la vela.

Parece no ser tan importante haberlo descubierto, pues si bien estaba ahí, siempre lo había estado ¿no? así que simplemente habría que continuar. El miedo aparece de repente cuando el marinero indica -deberíamos detenernos y reparar el mastil- No obstante, ante aquel consejo el barco solo piensa si el viento volverá a soplar con tal fuerza, si acaso algún día llegara al destino, así que solo ordena modificar la vela, cambiar el barco, pintar el mastil, y andar cada día con más fuerza. Y el viaje continua, hasta que ante los ojos del marinero pasan las astillas en el aire, el sonido inconfundible y el estruendo del mastil quebrado, el momento solo dejo de sentirse tan infinito cuando la vela toco el suelo y el barco se detuvo.

Aunque el mundo parecia seguir girando sin él en la marcha, el barco inmovil solo observa y mira como cada vez, cada segundo que pasaba, el viento estaba más lejos de él, es inevitable negar que en su rostro de madera se alcanzaba a distinguir una mueca de nostalgia, es inevitable negar que el viaje fue una aventura incomparable, el marinero comprende que lo mejor que podría decir era ninguna palabra, era la magia del silencio y la empatía de callarse, es ahí cuando el barco mira hacia atrás, y ve todo lo que ha recorrido, pues si bien cada ola y cada adversidad fueron desafiantes, estaba muy lejos de donde había comenzado. Es ahí cuando dio un último suspiro y agradecio.

Un largo silencio abraza todo aquello que los rodea. El marinero, suelta las sogas; ve las cicatrices en sus manos y empieza a caminar a la orilla del barco, lava sus manos para luego llevarlas a su rostro y sentir aquella barba que denotaba levemente su descuido, al acercarse al agua se percata de su reflejo, y a pesar de lo que ve, lo ignora; se sienta en una banca para detallar el cielo, se percata de que el mar se ha calmado, parece que la luz del sol naranja que cubre la infinidad del mar empieza a indicar que va a amanecer, suspira y toma la fortaleza para romper el silencio y dirigirse al barco para preguntar -¿A donde íbamos?- Tras pasar unos segundos sin que se presentara alguna intención de responder, el marinero solo asintio. Al cabo de un tiempo el barco le pregunta “¿Podrás arreglarlo?.

Es así como día y noche el marinero trabajo con todo lo que había recolectado durante el viaje, era un momento único ya que esta breve pausa les permitio hablar entre ellos, pues parecía que tenían mil cosas que contarse. El marinero estaba irreconocible, bueno, ¿pero quien lo reconocería? si su fiel amigo tan enfocado estaba en su viaje que ni siquiera había percibido su constante presencia.

Una mañana el marinero le indica al barco que todo esta listo, que el mastil ha sido reparado, a lo que el barco pregunta -¿Ha quedado igual que antes?.

El barco expresa una sonrisa diferente a todas las anteriores, en esta emanaba una indistinguible paz, y con propiedad se arma sobre si mismo e indica -Surca la vela en dirección al sur-

El marinero a quien le decían consciencia le dice -¿Si? Pero hacia el sur no sopla el viento- y el barco que aprendió a escuchar a este gran consejero le replica “Pero allá es hacia donde quiero ir”.